Antes de la conquista, estas montañas y valles eran territorio de pueblos de lengua caribe: teques, caracas, mariches, quiriquires y cumanagotos, entre otros. El nombre más recordado es el de Guaicaipuro, cacique de los teques y los caracas, que encabezó la resistencia contra los españoles cuando estos buscaron oro en las serranías de Los Teques hacia 1560. Murió en 1568 en Paracotos; hoy el municipio de la capital lleva su nombre y sus restos simbólicos reposan en el Panteón Nacional desde 2001.
Durante la colonia, los valles y la llanura de Barlovento se cubrieron de haciendas de cacao trabajadas por personas esclavizadas traídas de África, sobre todo de los territorios que hoy son el Congo y Angola. De esa historia dura nació una cultura propia: Curiepe fue fundado hacia 1721 por Juan del Rosario Blanco, un hombre negro libre, y los tambores que allí suenan cada junio son herencia directa de aquel tiempo. Barlovento llegó a ser llamado el granero de Caracas.
Los pueblos que hoy forman parte del área metropolitana tienen raíces antiguas: Baruta se estableció en 1620, Petare fue fundado en 1621 como Dulce Nombre de Jesús de Petare, Chacao se organizó como parroquia en 1769, Los Teques nació en 1777 durante la visita pastoral del obispo Mariano Martí y El Hatillo se fundó en 1784. El estado adoptó su nombre actual en 1889, en homenaje a Francisco de Miranda, precursor de la independencia venezolana.
Los Teques es la capital desde 1927, después de que esa condición pasara por Petare y Ocumare del Tuy. Durante el siglo XX el crecimiento de Caracas desbordó sus límites y convirtió a los municipios mirandinos del este en parte inseparable de la ciudad, mientras Guarenas, Guatire, los valles del Tuy y los Altos Mirandinos crecían como ciudades vecinas. Hoy Miranda reúne esa condición urbana con tradiciones reconocidas por la UNESCO: los Diablos Danzantes de Yare, la Parranda de San Pedro y los Palmeros de Chacao.