Mucho antes de la batalla, los valles en torno al lago de Tacarigua estaban habitados. Hacia el siglo IX se consolidó allí la llamada cultura valencioide, conocida por su cerámica y por figuras como la Venus de Tacarigua, y a la llegada de los europeos la región era territorio de los tacariguas. Los petroglifos de Vigirima y de San Esteban, tallados en rocas de la cordillera, son la huella más visible de esos primeros habitantes.
Valencia fue fundada el 25 de marzo de 1555 por Alonso Díaz Moreno con el nombre de Nuestra Señora de la Anunciación de la Nueva Valencia del Rey. Creció despacio, mientras en la costa Puerto Cabello tomaba forma en el siglo XVIII al amparo de la Real Compañía Guipuzcoana, que trazó calles, levantó almacenes y fortificó la bahía con el Castillo San Felipe y, más tarde, el Fortín Solano.
El 24 de junio de 1821, en la sabana de Carabobo, el ejército de Bolívar, con Páez, Cedeño y Plaza al frente de sus divisiones y la Legión Británica en un papel decisivo, derrotó a las fuerzas realistas de Miguel de la Torre. La victoria selló la independencia de Venezuela, aunque la guerra se prolongó hasta 1823, cuando Páez tomó Puerto Cabello, el bastión realista que aún resistía. En 1830, el Congreso reunido en Valencia dio forma a la Venezuela separada de la Gran Colombia.
Carabobo fue provincia desde 1824 y estado desde las reformas del siglo XIX. El siglo XX lo convirtió en uno de los centros fabriles del país: Valencia recibió el título de capital industrial en 1951, Morón y El Palito sumaron petroquímica y refinación, y Puerto Cabello consolidó uno de los principales puertos de Venezuela. A esa identidad productiva se suman la devoción a la Virgen del Socorro, los tambores de San Juan en la costa y una memoria republicana que cada 24 de junio vuelve al Campo de Carabobo.