Mucho antes de la fundación española, las montañas merideñas estaban habitadas por los pueblos timoto-cuicas, entre ellos los timotes, los mucuchíes y los tabayes. Fueron agricultores de altura: construyeron terrazas y sistemas de riego en las laderas, cultivaron papa y maíz, trabajaron la cerámica y el tejido. Muchos nombres de lugar del páramo, como Mucuchíes, Mucubají o Mucujún, conservan todavía sus voces.
En 1558 el capitán Juan Rodríguez Suárez fundó la ciudad de Mérida, que al año siguiente pasó a llamarse Santiago de los Caballeros. Creció como ciudad de paso entre el lago y los Andes y en 1622 se convirtió en sede de gobernación. En 1785 el obispo fray Juan Ramos de Lora abrió un seminario que en 1810 se transformó en universidad, una de las más antiguas de Venezuela.
En 1813 Simón Bolívar cruzó estos páramos durante la Campaña Admirable; el monumento del Collado del Cóndor lo recuerda. El estado Mérida se creó el 23 de noviembre de 1863, formó parte del Gran Estado de Los Andes entre 1881 y 1899, y en el siglo XX lo transformaron dos obras: la carretera Trasandina, inaugurada en 1925, y el teleférico hacia Pico Espejo, abierto en 1960.
Hoy Mérida es una ciudad universitaria rodeada de pueblos agrícolas que siembran papa y ajo en el páramo, reciben viajeros y mantienen vivas la Paradura del Niño, los Vasallos de la Candelaria y la Feria del Sol. Los glaciares que dieron nombre a la Sierra Nevada han retrocedido, pero la montaña sigue siendo el centro de la identidad merideña.