Mucho antes de cualquier mapa, estas cuencas ya estaban habitadas. Hoy conviven en Amazonas una veintena de pueblos indígenas: los yanomami en el Alto Orinoco y la sierra Parima; los uwottüja, conocidos como piaroa, en el Orinoco medio y los ríos Sipapo, Cuao y Autana; los ye'kwana en el este del estado; los jivi hacia el norte; los baré, baniva y kurripako en la cuenca del río Negro. Sus lenguas pertenecen a familias distintas, y la yuca, en forma de casabe y mañoco, sigue siendo la base de muchas mesas.
La presencia europea llegó tarde y por el río. Los jesuitas fundaron la misión de Atures en 1748, la última que levantaron Orinoco arriba, y la expedición de límites española dio origen a San Fernando de Atabapo en 1758 y a San Carlos de Río Negro en 1759. En 1800, Alexander von Humboldt remontó el Orinoco, cruzó los raudales y documentó el Casiquiare, el brazo que une las cuencas del Orinoco y del Amazonas y que los pueblos del río conocían desde mucho antes.
En 1864 el territorio se separó de la antigua provincia de Guayana como Territorio Federal Amazonas, con capital en San Fernando de Atabapo. El auge del caucho trajo comerciantes, abusos y episodios violentos, como los del gobernador Tomás Funes en 1913. En 1924 el ingeniero Santiago Aguerrevere fundó Puerto Ayacucho junto a los raudales de Atures, ligado a un proyecto de carretera que debía unir Caicara del Orinoco con San Fernando de Atabapo; en 1928 la capital se trasladó allí.
Amazonas fue Territorio Federal hasta el 29 de julio de 1992, cuando se convirtió en estado y eligió por primera vez a sus autoridades. Su identidad actual se construye sobre esa doble condición: un territorio inmenso, de baja densidad y lógica fluvial, y una población en la que casi la mitad es indígena y cuyas lenguas son oficiales junto al castellano. Entenderlo es aceptar que aquí el tiempo, las distancias y las decisiones se miden de otra manera.