Los Médanos de Coro se levantan sobre el istmo que une la tierra firme con la península de Paraguaná, justo al norte de Santa Ana de Coro. Es el paisaje de dunas más extenso de Venezuela y una rareza en el Caribe: arena dorada a pocos kilómetros del mar.
La arena procede de la costa. Los vientos alisios, que soplan desde el este con gran constancia, recogen los sedimentos que el mar deja en el istmo y los acumulan en dunas que alcanzan alrededor de 30 metros de altura.
Por eso el paisaje nunca está quieto. El clima árido y la escasa vegetación permiten que la arena avance sin freno: las dunas se desplazan, se deshacen y vuelven a formarse con el paso del viento.
Para proteger este ecosistema frágil, en 1974 se creó el Parque Nacional Médanos de Coro, con más de 91.000 hectáreas que abarcan dunas, costa y vegetación seca.
A un paso está Coro, cuyo centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. Pocas ciudades tienen un desierto en su puerta: esa cercanía convierte a los Médanos en un paisaje singular dentro de Venezuela.